Vajillas que cuentan – Industria nacional, consumo popular

Los años ´50 fueron un tiempo de transformaciones políticas, económicas, sociales y culturales en nuestro país. Las políticas de sustitución de las importaciones dieron paso al crecimiento de muchas industrias locales que acompañadas con nuevas leyes laborales, hacen surgir numerosas fábricas y comercios. Uno de estos rubros fue la de la cerámica y la porcelana que tuvo su momento de crecimiento y expansión durante más de 30 años a partir de la década de 1940. La industria de la cerámica tuvo grandes marcas como Lozalito, Boulogne, Riviera, con modelos muy valorados por el público como Kent o el paisaje oriental que es una reinterpretación del clásico bluewillow. Entre 1952 y el 53 surgen Verbano y Tsuji como las empresas que por primera vez ofrecen porcelana nacional.

Esta muestra se trata de estos objetos cotidianos.

Curador invitado: Gabriel Miremont, carrera de Museología y Gestión del Patrimonio Cultural. UMSA

Inauguración: Martes 3 de mayo hasta el 27 de mayo – SEDE ARTES – Sarmiento 1565


En esa nueva Argentina caracterizada por crecientes niveles de justicia social, los trabajadores arreglaron sus casas, conocieron lo que era cocinar con gas, una heladera eléctrica, un lavarropas y muchas cosas más, desde ropa para la salida dominguera, accesorios decorativos, hasta vajilla, fotografías de estudio y cuadros. Las casas experimentaron un cambio muy notorio. Se alcanzó un estándar de vida más confortable.

En ese contexto, los trabajadores prósperos, y las nuevas clases medias no se constituyen como miembros recientes de la clase media espejada en los sectores altos, sino muy por el contrario se reafirman con itinerarios y desafíos propios como trabajadores, obreros, comerciantes, creando sus propias reglas sociales y culturales.

Las políticas de sustitución de las importaciones dieron paso al crecimiento de muchas industrias locales que acompañadas con nuevas leyes laborales, hacen surgir numerosas fábricas y comercios. Uno de estos rubros fue la de la cerámica y la porcelana que tuvo su momento de crecimiento y expansión durante más de 30 años a partir de la década de 1940.

Estas mutaciones en el estándar de vida de los obreros, la posibilidad de estudiar, comprar, asistir a espectáculos, tomar vacaciones y ejercer derechos, reafirmó su propio gusto y dio lugar a un nuevo y floreciente mercado.

Así, se fue gestando una nueva geografía de las compras, no se viajaba al centro, este espacio comercial y social pervivió para la clase media o para aquellos que, ahora, tenían habilitaciones para a usarlo. En los barrios crecieron los comercios, las salas de cines, bares y paseos, así surgen nuevos centros comerciales dentro de la ciudad. Las ferreterías y bazares comenzaron a ofrecer múltiples productos, entre ellos vajilla para esa gran masa obrera, feliz de poder comprar y encontrar cosas a su gusto y medida.

La industria de la cerámica tuvo grandes marcas como Lozalito, Boulogne, Riviera, con modelos muy valorados por el público como Kent o el paisaje oriental que es una reinterpretación del clásico bluewillow. Entre 1952 y el 53 surgen Verbano y Tsuji como las empresas que por primera vez ofrecen porcelana nacional. Los tradicionales flores y pájaros, escenas románticas, bucólicas y ‘chinoiseries’ se combinaron con guardas y eclécticos diseños locales multiplicando las figuras que poblaron la vajilla de las trabajadores.

Floreros y estatuillas, juegos de té y bandejas, platos y salseras. La porcelana aparece como pieza favorita en las listas de casamiento. La mujer moderna, es una ama de casa feliz, y su marido el trabajador proveedor de confort y pequeños lujos.

A medida que pasaban los años crecía la demanda y el país también cambiaba políticamente. En 1955, con la autodenominada revolución libertadora y durante los años ´60 las industrias descuidaron a sus trabajadores y en el caso de Boulogne, uno de las principales fábricas que llego a producir 1.5000.000 piezas mensuales, el mal trato a sus trabajadores y el ambicioso proceso de producción fue de una crueldad que llegó a dañar la salud de los obreros y hasta acortar la expectativa de vida de sus empleados.

Muchos diseños y materiales se reciclaron y se agregaron intervenciones a mano, con obreras mal pagas, para generar nuevas piezas a bajos costos.

Los años ´60 se vieron marcados por la aparición no solo de nuevas líneas y diseños más modernos sino también la expansión nuevamente de los talleres ya devenidos en verdaderas fábricas. Carstens, Hartford, Festival de Lozadur y JIMA insertan en le mercado las piezas semi industrializadas, pintadas a mano. Una vuelta vernácula al art and craft. Las condiciones de los trabajadores que pasaban del calor extremo al frío, la humedad constante, no mejoraba y los reclamos sindicales tímidamente empezaban a hacerse oír. Los hornos, talleres y mesas de trabajo se politizaron.

La vajilla que aportaba alegría a la mesa del obrero y la clase media, ocultaba en su diseños y retoques las nunca resueltas malas condiciones laborales. Si bien hay una acción sindical con pequeños logros, como ventiladores, baños y comedores, horas de descanso y asistentes en las tareas más duras, la lucha por los derechos de los trabajadores tomará otro giro a principios de los años ´70 cuando primero la Alianza Anticomunista Argentina y luego el gobierno de facto surgido del golpe de Estado de 1976 pusieron especial énfasis en la persecución a sindicalistas y obreros. El nefasto plan del gobierno de la dictadura militar encontró complicidad en muchos empresarios y dueños de las industrias ceramistas. Se entregaron al secuestro, tortura y detención a mujeres y hombres, muchos de los cuales hoy siguen desaparecidos.

La industria de la cerámica tuvo su estocada final cuando el ministro de Economía Martínez de Hoz, en 1976, abrió las importaciones y dejó a miles de obreros sin su puesto de trabajo. La industria nacional de la cerámica y la porcelana no logró reponerse tras sufrir hacia los ´90 otra desprotección aduanera. En la actualidad muy pocas sobreviven, muchas cerraron definitivamente y otro tanto fueron compradas por capitales extranjeros. La desprotección sistemática que sufre la industria nacional y los mercados orientales que avanzan hicieron que hoy casi sea nula la producción de vajilla con diseños y ofertas como sucedía a mediados del siglo XX.

La importación desmedida y termino no solo con la industria de la cerámica sino que modificó el gusto de esta clase trabajadora que redujo pero no perdió su espacio de consumo. El azul bajo cubierta, la porcelana China adquirida en los ¨todo por dos pesos ¨ se sumaron a la mesa de los trabajadores dejando su huella en el gusto de la ampliada clase medía argentina.

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